Bueno,
bueno…¡qué título!, la contabilidad no
es de mi agrado. No encontré mejor terminología
para expresar sentimientos que indefectiblemente vienen a mí de este 2013 y que en breve sera 2014.
Ni se termina, ni
se va, ninguna fantasía mágica nos cambia el devenir cotidiano de la vida de 31 a 1°.
Un año
finaliza, la última hoja del almanaque cae y como cuaderno nuevo, otro calendario nos viene al
encuentro .
Me pregunté
qué podría contabilizar en el “Balance” , diferentes a aquello que nos duele, que nos alegra, que nos pasa a muchos y no encontré
mejor expresado que la
Introducción de “Damián” del escritor alemán Hermann Hesse (
año 1925). La misma que al leerla me hace sentir que …
”Mi historia no es agradable, no es dulce y
armoniosa como las historias inventadas. Tiene un sabor a disparate y a confusión, a locura y a sueño, como la
vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a sí mismos….”H
:Hesse.
Comparto
textual :
“ Quería tan solo intentar vivir lo que tendía
a brotar espontáneamente de mí.
¿Por qué habría de serme tan difícil?”
Introducción
Para contar mi historia tengo que empezar muy
atrás. Si fuera posible, tendría que remontarme más, hasta los primeros años de
mi infancia e incluso hasta la lejanía de mi procedencia.
Los poetas, cuando escriben novelas,
acostumbran a actuar como si fueran Dios y pudieran dominar totalmente cualquier historia humana,
comprendiéndola y exponiéndola como si
Dios se la contase a sí mismo, sin velos, esencial en todo momento. Yo
no soy capaz de hacerlo, como tampoco los poetas lo son. Sin embargo, mi
historia me importa más que a cualquier poeta la suya, pues es la mía propia, y
además es la historia de un hombre: no la
de un ser inventado, posible, ideal o no existente, sino la de un hombre real,
único, vivo. Lo que significa un ser vivo, se sabe hoy menos que nunca, y por
eso se destruye a montones de seres humanos,
cada uno de los cuales es creación valiosa y única de la naturaleza. Sino
fuéramos seres únicos, sería fácil hacernos desaparecer del mundo con la bala
de fusil, y entonces no tendría sentido contar historias. Pero cada hombre no
es solamente él; también es el punto único y especial, en todo caso importante
y curioso, donde, una vez y nunca más, se cruzan los fenómenos del mundo de una
manera singular. Por eso la historia de cada hombre, mientras viva y cumpla la
voluntad de la naturaleza, es admirable y digna de toda atención. En cada uno
se ha encarnado el espíritu, en cada uno sufre la criatura, en cada uno es
crucificado un salvador.
Pocos saben hoy qué es el hombre. Muchos lo
presienten y por ello mueren más tranquilos, como yo moriré cuando haya terminado
de escribir esta historia.
No puedo adjudicarme el título de sabio. He
sido un hombre que busca y aún lo sigo siendo; pero ya no busco en las
estrellas y en los libros, sino que comienzo a escuchar las enseñanzas que me
comunica mi sangre.
Mi historia no es agradable, no es dulce y
armoniosa como las historias inventadas. Tiene un sabor a disparate y a confusión, a locura y a sueño, como la
vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a sí mismos.
La vida de cada hombre es un camino hacia sí
mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero. Ningún hombre ha
llegado a ser él mismo por completo; sin embargo cada cual aspira a llegar, los
unos a ciegas, los otros con más luz, cada cual como puede. Todos llevan consigo,
hasta el fin, los restos de su nacimiento, viscosidades y cáscaras de un mundo
primario.
Unos no llegan nunca a ser hombres; se quedan
en rana, lagartija u hormiga. Otros son mitad hombre y mitad pez. Pero todos
son una proyección de la naturaleza hacia el hombre. Todos tenemos en común
nuestros orígenes, nuestras madres;
todos procedemos del mismo abismo; pero cada uno tiende a su propia meta, como
un intento y una proyección desde las profundidades.
Podemos entendernos los unos a los otros: pero
interpretar es algo que solo puede hacer cada uno consigo mismo. “
Buen cambio
de almanaque y a seguir en el sendero.
Magdalena
Diciembre
2013