martes, 23 de octubre de 2012

De regreso

                                               

Estoy de regreso.No me fui de viaje, ni a ninguna parte.
He estado habitando silenciosamente mi persona y no está mal.
Tiempos, tiempos para pensar,para no exigirse nada más que estar con uno mismo, lo cual no significa aislamiento sino darse tiempos personales.Esos mismos que hacen florecer  las plantas y madurar su fruto.
No somos muy diferentes a  la naturaleza y posiblemente , sentirnos parte de ella nos haga un poco más humildes observando sus ciclos y respetando los nuestros.
Quiero regresar con un artículo que llegó a mi  "casualmente".
Deseo compartirlo con ustedes , voces que hablan por nosotros en un profundo balance y deseo interior.
Un abrazo
Magdalena


                                               "Necesito poco"


Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista y escritora española: Ángeles Caso

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas
O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso.
O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio.
Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad.
Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.
Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos.
Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante.
A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas.
A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos.
Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. 
Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno.
Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería.
No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. 
Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.
Sólo quiero eso. 
Casi nada.
O todo.

2 comentarios:

  1. Según una antigua profecia andina llegará el día en que el espíritu femenino se despertará del letargo y luchará para eliminar el odio y la destrucción de la tierra; y dará inicio a un mundo de amor y paz, hermandad y armonía”.

    En su largo
    camino de aprendizaje la mujer será capaz de encontrar su fuerza de voluntad, su coraje, el conocimiento y la energía necesaria para cambiar el curso de su propia historia, haciendo de cada dolor, de cada soledad, de cada tristeza, un mundo de alegría, de amistad y de plenitud.

    Cómo se aprende a ser una verdadera mujer?
    Estudiando atentamente la naturaleza de su entorno y de su ser..
    Aprender a ser ella misma, ella misma y nadie más.

    A menudo se construye el trayecto, recogiendo trozos de la existencia de los otros ,intentando plasmarlos sobre modelos impuestos desde afuera. Con estos trozos se teje una manta para ocultar su sentires y emociones...
    Y ese no ser...duele...

    La verdadera mujer se descubre en su verdad y sigue su camino plenamente consciente de Sí misma.

    El arma más potente de una mujer es su energía interior que la proteje tanto a ella como a todos los que ama.Es por esta razón que tendrá que aprender a descender a su mundo interno: solamente cuando descubra su verdadera esencia podrá usar toda su energía interior.

    Un hombre cercano a una verdadera mujer se diviniza.
    Para descubrir los misterios de la divinidad el hombre debe penetrar en el corazón de la mujer porque la Pachamama quiere sólo aquello que la mujer desea.
    Si la Pachamama es amor, también la mujer lo es.
    El hombre debe considerar a la mujer como la versión de la naturaleza creadora cuya moral se basa en el respeto por la vida.

    Una vez que haya comprendido la potencia que reside en su corazón, podrá alzar su cabeza, mirar con amor y dulzura y accionar al mismo tiempo con serenidad y determinación.

    A través de la mujer el hombre puede alcanzar lo Absoluto, por eso es tan importante para ella direccionar su propia energía.Si logra tender ese puente de energía, el hombre que lo recorrerá sabrá que ella es el camino capaz de conducirlo a la divinidad.

    La mujer que conoce la armonía mantendrá la serenidad también en los momentos más difíciles; sus ojos reflejarán la pureza de su alma y se iluminarán de su belleza interior, aquella que nunca se deteriora.
    Y cuando finalmente logre superar cualquier tipo de peligro, entonces aprenderá a viajar en el tiempo y en el espacio.

    Existe una profecía según la cual la tierra al comienzo del tercer milenio sufrirá profundos cambios.Llegará el momento en el cual el espíritu femenino se despertará de un letargo de más de cinco siglos para dar origen a un mundo de paz y armonía.La salvación de la humanidad está en manos de la mujer quien tiene que volverse verdadera para poder encontrarse con otras mujeres y unidas salvar al planeta.

    De: SOL DEL SUR

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    1. Querida Mariana, me emociona y valoro tu comentario.Lo comparto ampliamente.
      Gracias por esta sabia profecia andina .
      Un fuerte abrazo
      Magdalena

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