Entre nostalgias de un tiempo
pasado y curiosidad, acepté asistir a la reunión de Ex -alumnas .
Abrí el guardarropas y como deshojando
margaritas di con el vestido negro, único que resiste aún mis
“cambios de crecimiento horizontales”.
Llegué puntual a la cita .
La mayoría de ellas estaban en el
salón. Me alegré volverlas a ver, a
quienes logré reconocer a simple vista.
Compañeras de la Sagradísima
Escuela de Monjas , 40 años después…
Una de ellas me saluda
efusivamente repitiendo a viva voz :
-“Guacha estás igual”-
(Mmm… solo reconocible, me dije a mi misma).
No lograba identificarla. Me
hablaba sin signos de puntuación, casi sin respirar. Le respondía pausadamente con monosílabos
y conceptos de carácter impersonales sintiéndome Peter Sellers en el personaje del film “ Desde el Jardín”.
La mesa estaba servida , ornamentada con flores
frescas de estación. Tentadores manjares ocupaban casi su totalidad.
A la voz de: “Sírvanse”, atacaron como termitas, primero de pie y
luego sentadas a su alrededor .
La organizadora del reencuentro
pidió silencio con voz de Maestra Normal Nacional ( título de egreso) y dijo:
“-Chicas, cada una cuente qué
hicieron de sus vidas en estos años...-”
(mis neuronas que hacían horas extras para este evento,
declararon alerta rojo ).
Y al mejor estilo terapia de
grupo, bocado mediante, se largó la sobremesa.
La primera que comenzó contó sus tragedias con lujos de detalles, sin
obviar ninguno.
Realmente ninguno…
¿Será solo ella? , pensé.
¡Error!,¡Error!,¡Error!.
Con increíble similitud y
repetición siguieron las narraciones :
Hijos, nietos, maridos
inmejorables , brillantes, exitosos ,enfermedades, etc., etc,etc.
Salvando las distancias y tragedias: una clonación masiva de La Familia Ingalls,
( serie televisiva de hace un par
de años).
La rueda seguía avanzando
lentamente. Muy lentamente…
Se avecinaba mi turno. ¡¿Qué
contaría?!
Mis tragedias las había reciclado
, como decía mi abuela:
-” archivalas en el galpón del fondo-”
(esos galponcitos de chapa de zinc de las
casas grandes de barrio, donde iban a parar cuánto objeto podía ser de
potencial utilización y otros que esperaban su turno para …quién sabe para
qué.)
Mis hijos, emprendieron su vuelo
No pondría sus logros como estandarte
en mi vida.
La elección de ser mejores
personas no depende de la acumulación de
títulos , cuentas bancarias , situaciones materiales, etc., etc.,etc.
Los maridos… el matrimonio. En 40
años el “color de rosa “ se destiñe un
poco…
Siguieron sus relatos personales,
tal como nos metieron en la cabeza : “cuanto más sufrimiento mejor ,el cielo
será la recompensa…”
Intentaba no escuchar ,imaginándome en desbordadas bacanales del “infierno”.
Hasta alguien dice : “-¡yo tengo
un amante!-”
¡Qué bueno!¿Estaremos por entrar
al “infierno”?- pensé - si el resto de
esta catarsis sigue así. ¡Me quedo!.
El grupo se rió. Quizá por
compromiso. Sin saber qué decir a esta
“anomalía” de quién aburrida de tanto
culebrón, se atrevió a intentar cambiar el clima o…quizá a compartir su
realidad.
La risa solo duró unos minutos , pasando a la siguiente tragedia…
Estoicamente me quedé hasta el
final, preguntándome a mí misma: “- ¿qué hago acá?”-
María Magdalena Andaloro
Dedicado a Graciela Fierro, mi muy querida amiga y compañera de la
escuela primaria, secundaria, de la vida; quien partió tempranamente peleandole a la vida su vida misma.
Entre tantos momentos compartidos, nos divertía asistir a estas
reuniones de egresadas.
Nos retirábamos antes con alguna excusa “importante”
que hábilmente improvisaba , previa mirada cómplice .
Nuestra velada seguía
“arreglando el mundo” y riéndonos de
nosotras mismas.
Nada ha cambiado desde entonces como si las vidas se hubiesen congelado
en el discurso sacrificial .
Me faltabas vos.
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