martes, 11 de diciembre de 2012

Dermatólogo y botox


En una de esas pasadas frente al espejo, me detuve más tiempo de lo habitual y con carácter de urgente decidí consultar a un dermatólogo.
Busqué en cartilla médica  y  tomé la cita.

Al verlo no dudé un instante que era un “plástico”, me refiero al trabajo estético.
Su rostro tensado al máximo , casi sin arrugas..
Cabello  negro, similar la tinta china con la que de niña calcaba mapas con plumin .
¡¡¡No hagan cuentas, también soy mayorcita ...el espejo acusó recibo!!!!

 Mi abuela decía : - Se pasó “la Carmela”-
  
-Sra. ¿qué la trae por aquí?-( preguntó mientras miraba su super celular de ultimísima .generación…).
-Dr. Me noté algunas arrugas en el rostro y quisiera una crema - ("algunas"....)
-Sra.¡¿cómo me pide una crema?!. Tengo algo que le sacará diez años  y se verá muy   bien.-

A veces me pregunto , porqué  me empeño en no escuchar mis voces internas que me sacan tarjeta amarilla. en la primera impresión.

- ¿Qué Dr.?-
-¡¡¡Una sustancia maravillosa!!!-mi querida Sra.”- (Mmmm ….resonaba el dicho de mi abuela : “cuando el diablo te acaricia, señal que quiere el alma”...o sus honorarios.). Botox. Una aplicación inyectable en cada  una de estas zonas-
Tomaba mi rostro  con sus manos frente al espejo, estirando “cada zona” que consideraba necesaria rejuvenecer.
Solo con la tensión ejercida en mi rostro me veía un extraño ser .

_-“Dr. ¿ cuánto cuestan estas aplicaciones? “-
Pregunté a  modo de  liberarme  de esa situación  indeseada y casi violatoria .
Solo quería  una crema.

-Sra.  nada honeroso y que no  pueda pagarme-
-¿Cuánto Dr.?- (deseaba huir)
-Cada aplicación 850 dólares, poca plata-
-Y …¿cuántas necesitaría ?-
-Una cada cuatro meses aproximadamente. ¿Cuándo quiere comenzar?-
¡Mierda ¡
-Déjemelo pensar y le respondo- respondí tal como mi madre me educó…
-Pida hs. y comenzamos –
 ¡¡Ni loca!! Ya terminamos ni bien lo vi.
-Lo pensare Dr. y le prometo regresar-

A duras penas se resignó y pude salir de ese consultorio subrrealista o realista posmoderno , sin crema alguna y calculando los costos de envejecer estirada : 850dólares  cada cuatro meses en un año serían 3.400 dólares equivalente a un pasaje  a París como la Tortuga Manuelita (María Elena Walsh…)

                   
                                                                              
                                                                                      María Magdalena Andaloro 2012 


martes, 23 de octubre de 2012

De regreso

                                               

Estoy de regreso.No me fui de viaje, ni a ninguna parte.
He estado habitando silenciosamente mi persona y no está mal.
Tiempos, tiempos para pensar,para no exigirse nada más que estar con uno mismo, lo cual no significa aislamiento sino darse tiempos personales.Esos mismos que hacen florecer  las plantas y madurar su fruto.
No somos muy diferentes a  la naturaleza y posiblemente , sentirnos parte de ella nos haga un poco más humildes observando sus ciclos y respetando los nuestros.
Quiero regresar con un artículo que llegó a mi  "casualmente".
Deseo compartirlo con ustedes , voces que hablan por nosotros en un profundo balance y deseo interior.
Un abrazo
Magdalena


                                               "Necesito poco"


Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista y escritora española: Ángeles Caso

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas
O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso.
O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio.
Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad.
Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.
Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos.
Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante.
A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas.
A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos.
Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. 
Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno.
Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería.
No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. 
Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.
Sólo quiero eso. 
Casi nada.
O todo.

miércoles, 11 de abril de 2012

Siluetas Difusas


Un mundo de siluetas difusas esboza mi memoria.
Un mundo perdido en las tinieblas del olvido, del dolor. Borrosas imágenes del pasado llegan a mi mente sin poderlas atrapar ni un solo instante. Son fantasmas furtivos, solo fantasmas sin morada como fotogramas velados, casi imperceptibles. Familiares y a la vez desconocidas.
Vuelvo a ellas. Una y otra vez. No las reconozco .
_”Haga un esfuerzo. Debe recordar.”
_ “Recuerde, por favor,  recuerde”._
Esa voz imperativa, penetrante, inquisidora. Altera mis sentidos, acelera mi corazón, un sudor frío ,pegajoso recorre mi cuerpo encerrándolo en una desolada noche de invierno.
El viento helado se filtra por el vidrio roto de la ventana.Enfría mi rostro, arrasa cuanto encuentra a su paso. Arrasó conmigo misma.
No sé quién soy, ni como me llamo, qué hago aquí, de dónde vengo, hacia dónde voy. Vacío en mi interior y afuera  un mundo temerario, de  ruidos ensordecedores, gente sin rostro, que quizá tampoco sepan hacia dónde van.


Dicen que hace días estoy aquí, que me niego  a colaborar.Permanezco sentada ,con la mirada perdida, frente a la ventana que da al jardín trasero.
Añosos árboles entrecruzan sus ramas semi desnudas en el cielo gris, plomizo, amenazante y frío.
El pasto crece descontrolado y libre en olvidados canteros de cemento bordeando un camino de rotas baldosas que, al bifurcarse conduce a la entrada principal de diferentes pabellones. Grises ,oscuros, de altas paredes enmohecidas  y  revoques a medio caer. Sus ventanas misteriosas, enrejadas, sin vida no traslucen movimiento alguno, sucios vidrios las tornan esmeriladas.
Imagino tras ellas sigilosas sombras habitando cuerpos sin almas, como el mío.
Mi mirada se distrae  por el ruidoso paso del tren sobre el puente de hierro.
Vuelvo. A lo lejos, ese jardín donde  gatos y roedores conviven en espacios y tiempos preestablecidos. Latas y desperdicios esparcidos le dan color al escaso pasto que sobrevive en este mundo de olvido. Un mundo olvidado. Circunbala su perímetro un muro gris sin horizonte.
Miro por la ventana. El vidrio está roto. A veces no siento frío. Ese paisaje impregna diariamente mi retina. Busco algún retazo de historia que pueble mi memoria. Mis sentidos se detienen en este mundo nuevo que habito. Lo rechazo y me seduce a la vez


Dicen que hace tiempo estoy aquí.
Me encontraron una fría y soleada mañana de Agosto durmiendo en un banco del Rosedal, cubierta con una capa de paño.
Tardé en despertar. El guardián dió parte a la policía. Sirenas ensordecedoras se acercaban mientras en mi interior vibraba fuertemente  una  estampida de disparos, como si yo misma los ejecutase.
Pidieron  mis documentos. No tenía. Preguntaron mi nombre. No lo recordaba. Domicilio. Desconocía mi procedencia. 
 -“Sra. debe acompañarnos”-.
No opuse resistencia. Un fatigoso interrogatorio y un destellante flash plasmaron mi nueva identidad: “N.N”
Desperté sobre una camilla vestida  con un trajecito  rosa Chanel, zapatos de taco negro de fina cabretilla y una blusa de seda.
Voces, murmullos, imágenes borrosas. Mi mente era un blanco sin registro alguno. Resonaban en mis oídos dos fuertes impactos de arma de fuego y ese sudor frío, pegajoso, nuevamente recorría mis sentidos.
Miré a mi alrededor. Una habitación gris, lúgubre, despojada de identidad alguna era mi nueva morada.
Me levanté, dirigiéndome hacia la ventana. Da al jardín trasero. Gruesas rejas la separan del exterior. Quise revelarme. Huir. Traspasé el vidrio con un fuerte golpe de puño. La sangre saltó a borbotones, coloreando mi ropa y cuanto estaba alrededor.
No sé cuanto tiempo dormí, no sé si es un sueño, no sé quién soy.


Dicen que he perdido la memoria. Solo resta esperar. Esperar que ese mundo de siluetas difusas, oscuras que me habitan ,dejen entrar la luz.
Diariamente se repite la cita con el psiquiatra. Me siento frente a él. Lo miro. Me mira. Toma su carpeta, la abre y repite lo ya dicho. Pregunta aquello que no tengo respuesta alguna.
Vuelvo a la habitación. Me siento frente a la ventana. Tiene el vidrio roto todavía, pierdo la mirada largas horas  frente a ella.
No sé cuanto tiempo ha pasado, quizá haya envejecido. Sí sé que decidí morir bajo una de las múltiples formas de hacerlo: permanecer en mi cuerpo vacío, mi alma se ha ido hace mucho tiempo. Él carece de huellas, de rastros, de registros ,de memoria. Mis ojos silenciosos observan esos  fantasmas ya familiares.
Anoche tuve un sueño. Lo recuerdo con tanta claridad como si hubiera estado allí:
“Una tarde de Agosto, llegué a mi casa más temprano del horario habitual. Me sentía feliz, la noticia tan esperada se había confirmado. Deseaba estar deslumbrante. Subí a mi cuarto. Abrí la puerta…Ahí estaban sobre la cama: entrelazados, desnudos, en un coito inseparable, traicionero, desgarrador. 
Sus rostros desencajados, sus miradas desorbitadas, sus cuerpos inmóviles. 
Mi amado Juan y Ana .
Mi marido y mi única hermana.
La sangre  se deslizaba lentamente. Un débil hilo llegó hasta mis zapatos de taco de cabretilla negra dejando una mancha casi imperceptible.
Pausadamente, sin molestarlos, abrí el placard. Saqué la blusa de seda negra italiana, que él me había regalado en el último viaje. Me la puse, deslizándose con dificultad por mi  torso húmedo empapado de un sudor frío, pegajoso.
Descolgué el trajecito rosa Chanel, aún estaba con la funda de la tintorería. Es el que mejor me queda, protagonista silencioso de importantes momentos. Me lo puse. Miré mi figura en el espejo, retoqué el rouge de mis labios.
Abrí la otra puerta del placard. Tomé la capa de paño, la acomodé prolijamente en mi brazo izquierdo .
Al llegar a la planta baja prendí el último botón del saco frente al espejo del ascensor…”


                                                                                                        Septiembre de 2001






sábado, 7 de abril de 2012

Reflexiones Feromónicas


             



En nombre de la liberación femenina, del feminismo y de cuanta conquista pretendemos alcanzar,  hemos avanzado a modo de guerreros vickyngos sobre  ese sexo tan necesario para la conservación de la especie como, para calentarnos los pies fríos en la cama.

Tal como Zeus castigó a Atlas a sostener sobre sus hombros la bóveda celeste, las mujeres “liberadas” nos agregamos mucho más. Elecciones que nos benefician y nos condenan a la vez, más roles , más poder, más tareas, más cuentas a pagar, más, más…
¿Y el sexo masculino?

Los hombres  son hijos nuestros y de nosotras salieron educados como en la Grecia de Edipo y Electra, hoy nos hemos convertido en un  cuasi mortal peligro  para ellos .

En esta “tragedia”, peor que la griega , me detuve a estudiar exhaustivamente las mujeres que tienen un ejemplar masculino a su lado .Con asombro comprobé que poseen una inteligencia superior, fuera de los límites normales, que la liberación femenina , el feminismo  y…las pancartas de conquistas están  suspendida hasta nuevo aviso.

Acepté pasar unos días con un compañero , su nueva novia y un grupo profesionales  de “alto vuelo intelectual” ...
Qué mejor oportunidad didáctica para observar la conducta de la flamante elegida  y aprender los métodos para no espantar a los hombres.

Rubia, cincuentona. Cabellos prolijamente peinados, con reflejos más claros .
Pequeña contextura física, dos botones por tetas y corpiños de encaje transparentándose a través de sus blusas colores pasteles que cambiaba tres veces al día, luciendo siempre impecable.
Pronto descubrí su estilo “gata” y presté más atención aún.
La vida me estaba dando un curso teórico- práctico  para no desperdiciar .
Él hablaba . Ella no solo lo escuchaba sino,   sus preguntas e intervenciones eran absolutamente elementales.
Él se sentía Sócrates frente a sus discípulos. 
No deseaba  perder detalle alguno. Escuchaba, observaba , aprendiendo cómo una mujer puede hacer sentir un dios del olimpo a un hombre sin contradecirlo.
 ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Maravilloso!!!!!!!!!!!!
Ante mis ojos la fórmula para tener a mi lado uno de esos hombres …

Regresé del viaje y aterricé en el diván de mi analista desesperanzada .
Jamás en esta vida llegaré a la aprender   ese arte femenino para conservar la especie y calentarme los pies.
Después de todo los escarpines de lana  que me tejió mi abuela , no están tan viejos…

lunes, 12 de marzo de 2012

De las obras de Freud a los avisos clasificados

Cuando logré liberarme de esos años de cautiverio psicológico y salir al mundo de la carne, dejando las prácticas Freudianas de lado, quería encontrar “un amor” real, posible, un hombre que me ame y amar…
Asesorada por mi amiga compré el periódico.  Abrí en el rubro Personas Buscadas.
“Busco Sra . culta.40/50 años. Fines serios. Teléfono …”
Subrayé prolijamente  el aviso con  resaltador fosforescente  y me dije : 
"tenés que sacarte de la cabeza al psiquiatra, ese amor platónico, de elevadas cuotas mensuales”.
Recordé  una vez más los dichos de mi abuela  :” un hombre se olvida con otro hombre”.
Decidí llamar, quizá este sea carnal y no tan costoso.

-Hola…llamo por el aviso…-
-Sí , soy yo…-(silencio… )
-¿Cuál es tu nombre?-
-Pe…Pedro.- (tardó en contestar, vaciló) -¿Y el tuyo?-
-María-
Pedro y María del Viejo Testamento versión tercer milenio .
-¿A qué te dedicas?- pregunté súbitamente.
-Estudio historia y viví algunos años en Europa-

Este ejemplar “encontrado” me estaba resultando interesante, sobre todo si se podía conversar de algo más que no fuesen los conflictos de mi infancia, las transferencias psicológicas, etc, etc,etc.
-¿En que Universidad estudiaste?-
Demoró en contestar y su respuesta fue vacilante.
 “-…en…la de curas.”- (¡Mi Dios!)
-¿En qué países viviste en Europa?- (nada que envidiarle a un interrogatorio policial).
Volvió a dudar
”-:.. en Italia:”-
¡Maravilloso! Tendríamos para hablar.
-En Roma ,¿fuiste a ver las azaleas de Plaza de España? A mí me apasionan-
(como si Italia , se circunscribiese a unas cuantas macetas con azaleas en esas escalinatas gastadas).
_No. Me dediqué a estudiar.-
¡Cuatro años en Roma estudiando! ¿¡Qué!? ¿¡Qué estudió “problemas subterráneos”!?¿ ¡De topo!’ …  me resultó un poco extraño.
Propuso encontrarnos para conocernos y tomar un café.
No fue fácil arreglar  el encuentro. Le sugerí  una confitería cercana a su  domicilio, a modo de no perderse. La misma que frecuento con mi amiga para dirimir las penas del corazón.

El tal Pedro (bíblico) preguntó cómo nos reconoceríamos, inmediatamente agrego:
_Vestiré una camisa blanca y llevaré dos libros en la mano, soy de tez blanca y feo_

Mal comienzo…me gustan los morochos de tez aceituna, altos ,bellos, como los galanes hispanos.
-¿Y vos cómo  irás vestida?-preguntó tímidamente.

Nunca sé que me pondré hasta que las agujas del reloj  me  intiman  a dejar de probarme cuanta combinación  sea posible  para disimular  rollos, celulitis,  y demás yerbas  de la ley de gravedad..

-No lo sé. Te reconoceré.-
(esta seguridad en mi sexto sentido…o en sus “dos”libros )

En dos horas y media se producirá este “romántico  encuentro”..Pero…¿qué espécimen humano es aquel que no vió Plaza de España ?…¿Es o fue seminarista?
 ¡Qué imaginación la mía!  Bueno…como Imanol Arias en la película Camila .

El calor ascendía a 32° grados. Me estaba arrepintiendo de querer salir del tratado de Freud en pleno verano porteño a las tres de la tarde.

Llegué al lugar  indicado, caminé por la vereda mirando de reojos la vidriera.
¡ Era él !
No tenía duda alguna, cara redondita, tez  blanquísima (color subterráneo). Camisa blanca de mangas cortas. Y sobre la mesa ¡tres libros!  sujetándose con sus dos tensas manecitas , sin soltarlos .
 Pasé con actitud distraída, pero me miró  y entré. Fui directo a su mesa y le dije con seguridad espartana:

 -“Vos sos Pedro”-.
-…S..s…sí..-

Soltó los libros , me tendió su mano de muñeca de trapo para saludarme, enredándose con la silla .
Me senté frente a él.(extraño ejemplar ante mis ojos, quizá él pensaría lo mismo de mí  )

-“¿Qué tomás?-“preguntó .
-“ Un café cortado-“(esta manía de no ocasionar gastos)

Se mostraba, torpe inseguro, temeroso, inexperto .
No lo sentía un ser normal…(como si yo lo fuera.)
Rompí el silencio y comencé la conversación .
Historia del Arte, Renacimiento, Italia .
 Él respondía pausadamente , mirando la mesa.
Mentalmente recorría mis conocimientos “de feria” sobre patologías, pensaba en el seminarista, en Plaza de España, en su sexualidad.
¿En que lío me había metido?
Tanto Romeo y Julieta,  Cenicienta y el príncipe que la despierta, tanto Corín Tellado y tardes de telenovela  junto a mi madre , me habían llevado a esta búsqueda  del Príncipe Azul…o al menos desteñido.

-“¿Tienes familia, hermanos?.-“pregunté.
Dudó .Tardó en responder.
-No-
Sus respuestas eran vacilantes, dudosas, cambiando el gesto en su rostro, tartamudeando y hasta  trasluciendo un cierto temor.
Respondí a todas sus preguntas.
 Mi intuición pocas veces me falla. ¿ Por qué me empecino en ponerla a prueba constantemente…?
Seguramente se sintió más confiado y se lanzó a contarme su vida.
Desde los ocho años padece de traumas familiares. Está  en tratamiento todavía, con la misma psiquiatra, hoy de ochenta años…(Me remitiré a no abrir paréntesis y menos opinión anexa alguna.) Lo internó dos veces .
No pregunté, solo escuché a este personaje kafkiano continuar con  su relato mientras  la piel de sus mejillas se enrojecía, presionándola  en círculo con el dedo índice.
Sacó dos pañuelos de tela, para secar  el sudor que brotaba de sus poros y  se deslizaba por su cara como gotas de lluvia en un vidrio.

Yo no salía del estado de schok, solo pretendía olvidar” mi amor freudiano”.Cuando imprevistamente pregunté:
-¿”Fuiste seminarista?-“
Su adrenalina tuvo que haberse alterado bruscamente .Su rostro se tensó. Un silencio de ultratumba reinó en el ambiente y tartamudeando respondió:

-“N..n..no. Soy sacerdote no consagrado. Vivo en una escuela de curas. Pasé la vida obedeciendo y haciendo lo que los demás querían.-“

A partir de entonces bajó su tono de voz.
Paralizada por lo que terminaba de escuchar, intenté seguir la historia lo más atenta posible.
Era un prisionero de una soledad sin límites.
Sentí pena y con la fuerza que me caracteriza para la tragedia , la de  mis genes , traté de alentarlo. Estaba  más loco que un plumero.
Mi intuición había sido certera,  la realidad  superaba cualquier ficción posible y el “privilegio innato”de atraer especimenes extraños me sorprendía una vez más.
A las dos horas de charla “terapéutica”(para él), le informé que esta “sesión” había concluído , confesándome que su nombre verdadero no era Pedro sino Francisco,  tenía dos hermanas y una madre (¡No podía ser de otra manera!).
Hablaba cada vez más bajo y yo estiraba el tronco acercando mi oreja a la mesa, a modo de saber qué responder.
Dijo tener más secretos para contarme  la próxima . Continuaba su monólogo sin poder parar .
A esta altura, no sabía si era Pedro o Francisco, si me encontraba en los comienzos del Cristianismo o en la Edad Media, si era un hombre o un “padre”,si estaba en un bar o en una sacristía.
¡Qué locura!
Logré partir . Me juré no desear hombre alguno.

Amor Freudiano


                         
Una gélida mañana de invierno llegué al consultorio del  psiquiatra  derivada luego de mi divorcio con un estado anímico diluviano, al que le faltaba el Arca de Noé.

Nunca entendí porqué uno no puede tomarse sus tiempos de tristeza después de las pérdidas. Quizá , tanta filmografía estadounidense de esplendor  a perpetuidad nos alejó de lo humano.

Había perdido mi trabajo. La oficina para la cual trabajaba cerró sus puertas sin mayor  explicación que un vaciamiento de la empresa.
No era una “pobre mujer” abandonada  sino, todo lo contrario,  motivo suficiente para cargar con las  culpas existenciales y cristianas.
Esa mañana llegué  a la cita convenida. Toqué el timbre , luego de unos minutos de reglamentaria espera, frente a mi mirada triste, desolada  se presentó el psiquiatra.
Alto, flaco, de facciones endurecidas , piel ajada con marcadas arrugas, elegantemente vestido y de modales victorianos . Recordándome a la protagonista de una novela que decía: “la pulcritud de mi amante es tal que  podría comer  los fideos en su trasero”.

Cita tras cita, tomada por la necesidad femenina de protección  y afecto, comencé a imaginarme que ese ejemplar  desabrido , de escasas palabras e ínfimas demostraciones humanas era  Antonio Banderas. Este espejismo,  científicamente lo llaman “transferencia”, por lo que  me encontraba literariamente dentro de los parámetros normales…

Poco tiempo tardé en “enamorarme locamente”(como corresponde a esa especialidad).
Él que no estaba , en su sano juicio, dio curso suelto a mi imaginación. Posiblemente era la única paciente que se atrevía a confesarle mi amor engordando su ego.

Tres años duró este “tratamiento” en el que transferencia va y contratransferencia viene no miré a un solo hombre por la calle ; “mi amor sublime” estaba entre las cuatro paredes de su lúgubre consultorio. Allí se concentraba todo mi potencial femenino, mi imaginación, mis deseos  , esperando ansiosa la próxima cita.

Él jamás se apartó de su mecánica  y programada conducta  científica  , formado en una institución de status académico de renombre. Solo yo me sentía Melanie  Griffy frente a Antonio Banderas.
Tres años de abstinencia, de “clausura”, solamente entregada a mi imaginación.
¡¡¡Qué  basta imaginación poseo!!!
Finalmente decidí “no curarme” de la tristeza por la que había consultado ,  a  esa  altura era un teórico onanismo en nombre de la salud mental .
Dejé el “tratamiento” para salir al mundo no tan científico, menos terapéutico y más saludablemente real.
Mi abuela me decía: “hay amores que matan”

jueves, 26 de enero de 2012

La mesa de mi cocina



Miro la mesa de mi cocina. Libros apilados, papeles desordenados, boletas a pagar...Tienen su lugar en la biblioteca, en el escritorio pero la fuerza de voluntad no basta para que lo ocupen.
No hace mucho tiempo, sobre ella, la sopera de loza inglesa del juego de la abuela lucía su belleza. Hoy, mira desde un ángulo, casi en el anonimato ,la invasión de ese territorio del que era soberana.
Una vez más miro la mesa de mi cocina. Es casi inevitable no detenerme en ella. Debo poner orden.
¡¡Cuánto me parezco a mi madre!!
Viene a mis sentidos la visión de otros tiempos. Cuando mi voz se alzaba soberbia, omnipotente ante el incomprensible desorden que reinaba sobre la mesa de su cocina. Entonces , no sabía de soledades. No había llegado a la mitad del camino, transitaba la recta de partida.
No sabía que ese "nido" tan bullicioso y
 que ocupaba tanto espacio, quedaría indefectiblemente vacío.
Nada podría detener el tiempo. Ese tiempo que hace madurar las flores, el mismo que marca la hora definitiva del vuelo de los hijos.
Miro la mesa de mi cocina.
Vuelve la de mi madre. Quizá, ese desorden tan quieto de su mesa, igual que  hoy la mía, poblaba esas soledades que llegan cuando las vidas  salen a la calle en busca de su sendero.
¡Cuánto desorden sobre la mesa de mi madre!
¡Cuánto sobre la mesa de mi cocina!
Queda sobre ella un pequeño espacio. Apoyo mi taza de café. La miro en su totalidad.
Ya habrá tiempo de ordenar. Un tiempo nuevo que está  por comenzar o ya ha comenzado en ese desorden tan quieto de la mesa de mi cocina.
                                                        

                                                                                               María Magdalena Andaloro

          Seleccionado y publicado en el libro” Cuentos en el Aire”
                  Editorial  Planeta, Nov/ 2005

martes, 24 de enero de 2012

Media Naranja


La revolución hormonal continúa haciendo estragos.
Los humores pasan  de pesimistas  a optimistas  sin estación intermedia . Un  inaugural estado más cercano a la “locura “que altera  la “ armoniosa “rutina .

Es la edad critica” , decía  mi abuela , narrando  historias de mujeres internadas en los manicomios.
Aún no he llegado a ese estadio pero, a veces creo que voy camino hacia Barracas al Sur…
(Bs As.: Neuropsiquiátrico de Mujeres)

Lo cierto es que mis hormonas decidieron alistarse en las manifestasiones de protesta,  motivo por el cual hace tres meses  inicié un “tours médico”, al mejor estilo de paquete turístico .
Visité  diversos especialistas , comprobando que a partir de los cincuenta no queda nada en pie. Anteojos, prótesis dentales, cremas lubricantes, anti-age, antioxidantes, gimnasias correctivas, preventivas, desestresantes, etc, etc
Motivo por el cual, olvidé reparar en hombre alguno, pero … todos los caminos conducen a Roma  y los facultativos me remitieron a uno en hormonas. Allí  fui.

Ante mis ojos el  Dr. en cuestión. No superaba el metro sesenta,  cubría su semicalvicie con un par de pelos  atravesándola a modo de senda peatonal, enfundado en un largo guardapolvo blanco  pero …era tan seductor que pronto lo ví de un metro noventa, contextura robusta, tez aceituna, ojos negros profundos, penetrantes y una sonrisa de galán latino.
¡Era el especialista en hormonas!
Las mías suspendieron la protesta y se pusieron en guardia.

Mil fantasías se tejen en la cabeza de una paciente, cuando tiene frente a sí un ilusorio ejemplar de macho como los de telenovela , cuando sus hormonas están revueltas, cuando encontrar un amor es más difícil que embocar  una bolita en las copas de la kermés . Sin tener en cuenta que el Dr. en cuestión es un mortal ejemplar como una , con un valor agregado:  el poder que le confiere su rol.
Entonces, no tardé en “enamorarme”.¡¡¡¡¡Era tan divino!!!!!
Me dio  su número de teléfono, su E-mail por cualquier consulta extra. Y pese a mi edad cronológica , no superé  la adolescencia sesentista cuando de amores se trata.

Comencé a mantener una cyber-médico-relación .La mayoría de las veces correspondida. ¡Tanto E- mail ! recalentaron  mis hormonas que a punto de estallar ,se revelaron nuevamente negándose  a tal onanismo posmoderno.
Pronto comprobé que ese macho de mis fantasías tenía dueña .
Una media naranja que también era  media”dirección” de su correo electrónico, a la  que el Dr. le atendía las hormonas entre las sábanas, calentándome las mías en las consultas y vía  E-mail ,
(” juasara@ gonadotrofinas.com.ar “Él : Juan. Ella: Sara) .

La cybernovela hormonal llegó abruptamente a su fin mientras , entre lágrimas y carcajadas, mi perra me miraba  sin poder comprender esta nueva polaridad expresiva frente a la pantalla de mi vieja computadora.


                                                                           
                                                                                               María Magdalena Andaloro
                                                                                                            Año 2005


                                                                                                                                                                                                                                                         


lunes, 16 de enero de 2012

En lo mejor de mi vida


Mis hormonas decidieron abandonarme en lo mejor de mi vida, no solo dejándome el alma herida y espinas en el corazón (como el tango) sino, también  abriéndole la puerta, sin admisiones, a  innumerables síntomas de futuras catástrofes físicas .
Mi historia  es similar a la de muchas mujeres, a diferencia que mi mente de “niña” inquieta y desbordante de vitalidad me lleva a aceptar poco, resignarme nada y curiosear siempre, motivo suficiente para toparme  personas y ambientes insospechados.

Mi abuela me decía :“Siempre hay algo nuevo bajo el puente “ .
 Soy  de  esas plantas crecidas con todo tipo de abono , hasta los deshechos nutrieron mi persona llevándome a ser simplemente diferente.

Nací en  la segunda mitad del siglo XX.
Sobreviví a los vaivenes de la humanidad, del capitalismo, de la globalización, de un mundo que pasó de la utopía sesentista a genocidios de todo tipo ,en nombre de la paz. Y aquí estoy ,“ en lo mejor de mi vida” despidiendo  a mis hormonas, agradeciéndoles sus buenos servicios en un póstumo homenaje.

Nos conocimos hace cincuenta y tantos años.
Compañeras inseparables en mi sano crecimiento, sin anomalías mediante.
Prolijas, cumplidoras, ordenadas, maravillosas.
Supe de ellas con la primera menarca , cuando mi madre enumeró los peligros que asechaban a esa actividad hormonal :
-No tener contacto con varón alguno. Ni siquiera tocarlos  so peligro de embarazo y pérdida de la tan valorada virginidad.
-No bañarme porque se “cortaba”( ¿cómo la mayonesa…?)
-No exponerme al sol porque subía la sangre a la cabeza y el peligro era mortal.
-No hacer actividad física, no…no…no…
Tantas advertencias apocalípticas en mi adolescencia me llevaron a pensar porqué las hormonas me obligaban a mestruar , si era casi  como  hoy ir de vacaciones a Bagdad.
Sorteando todos esos posibles males, ellas comenzaron a hacerse sentir  ante el enamoramiento con el sexo opuesto.
 Entonces ,fue que cobró protagonismo el himen sano, trofeo de la virginidad, orgullo y diferenciación de “buenas chicas”…
Debí reprimir su normal actividad cuando aleteaban como mariposas mis instintos.¡Pobres hormonas!  También adolescían de juventud.
Cuando finalmente las liberé, pronto contraje enlace como correspondía a mis tiempos.
Ellas acompañaron la vida : tres bellos embarazos y dos tetas nutricias desbordantes .
Fueron mis aliadas desde el anonimato sin ocasionarme  problema alguno ,pese a no  tenerlas nunca en cuenta, hicieron su trabajo a la perfección.
 Pero de pronto, bueno…no tan de pronto ,casi medio siglo después, deciden partir sin previo aviso. ¡Abandonarme! Evento que no estaba en mis planes, solo en los libros.
No sé muy bien cuándo comenzó. Quizá hace unos añitos cuando mi ánimo bajaba y subía a modo de montaña rusa del primer mundo.
 Cuando algunos dolores articulares me llevaron a sesiones de kinesiología.
Quizá cuando de ser un esbelto spaghetti , mi figura se transformó en un mostachol escala  humana o cuando por las noches despertaba con los ojos como el dos de oro sin poder retomar el sueño.
Quizá cuando…quién sabe cuando.
Ahora , se hicieron escuchar  a modo de protesta piquetera de este Bs As del siglo XXI, obligándome a realizar “un tours médico” sin descanso.
Finalmente uno de los  diversos especialistas dijo: “veamos el nivel hormonal”.
¡Cuánto me alegré y distendí al saber que dicho análisis había dado para el carajo!.
 La liebre de mis males había saltado finalmente  : las hormonas declararon Menopausia.
Corrí a mi analista, que a esta altura del tours , ya no sabía que diablos somatizaba y le dije alegre y aliviada:
                          -¡Son las hormonas!-
Luego de relajarse porque su paciente no ponía la “locura” en el cuerpo sino que se debía a un proceso biológico normal me dijo:
 “_Hay un libro muy bueno sobre menopausia escrito por la Dra….._”

Entré y salí de las librerías sin más respuesta que : -está agotado-.
Finalmente dí con un único ejemplar remanente después de caminar sin descanso bajo el sol del verano porteño.
Esperé que lo trajeran como si fuera  cuestión de vida o muerte.
Un libro de tapa dura, papel ilustración, edición de lujo, buenas fotos de colores saturados, cocido y a solo  ocho pesos, un verdadero regalo. Pagué y salí de allí como si hubiese descubierto América quinientos años después.
 Sin esperar llegar a casa , lo abrí en el colectivo.
 En la tapa la foto de la autora, una Dra.  que por sus facciones ya era menopáusica  en  1998, fecha de edición. Sonreía y lucía  una cirugía facial que transformaba sus rasgos de origen inglés en nipona, pero se la veía feliz y agradecida por la compra de otro ejemplar.
En lo mejor de mi vida llega esta interesante bibliografía sugerida por el máximo referente masculino que concentra a todos los hombres de la vida de una mujer en uno: el terapeuta.
¡¿Cómo no leerlo?!

Página 46 : un gráfico con una” imagen femenina de la que salen flechitas azules ¡de todas partes del cuerpo!  indicando el conjunto de síntomas de la menopausia”.
 ¡ Apocalíptico  !

Página 56 : la foto de una mujer menopáusica desnuda, diciendo que “pese a los cambios físicos hay estímulos sexuales, acompañado con una lista de molestias en el coito”
 ( no anexa nómina de voluntarios maduros…)

Página 181: Sexualidad. Una vida de satisfacción. Tratamientos naturales para la salud vaginal: “Aplicación local de un yogut durante no menos de dos horas con un tampón de retención. Previene las infecciones (Lacto-bacillus acidohilus, bacteria viva).”
No aclara si debe ser entero o descremado, con frutas, cereales o sin ellos, en envase de plástico o de vidrio…

Seguí y seguí leyendo. Mirándo esas interesantes fotos de huesos con osteoporosis semejantes a una pintura abstracta , fibromas uterinos, cánceres de cuantas partes uno desee, etc, etc hasta dar con un capítulo  llamado : “Actitudes Positivas: alimentos y nutrientes saludables”¡ Qué alivio, algo bueno pasa !
Entre  tanta tragedia cerraba el libro y me encontraba nuevamente a la Dra. mirándome con ojos de sorpresa congelados  y su cabello prolijamente peinado.
Fue entonces que decidí enviarle un e-mail a mi “brillante terapeuta”:

“Querido terapeuta:
                              conseguí el libro que me recomendaste, luego de una búsqueda obsesiva. Lo leí. ¿ Me suicido con él a mi lado o lo regalo antes a alguna amiga menopáusica?
He llegado a la conclusión que  la menopausia  es un sismo intensidad  nueve de la escala Mercalli y que si sobrevivo a ella seré una diosa pero…vieja!!!!!!”

Respuesta:

“Querida paciente :
  los dioses no envejecemos. Ánimo y adelante.
Un cariño .
Tu terapeuta”


                                                                                          María Magdalena Andaloro
                                                                                                                                       Marzo 2005
                                                                                  (“ Los dioses no envejecemos”, solo cumplimos años…)
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

Solo el comienzo


                                   
Las historias entre el género femenino y masculino  son tan antiguas como el mundo.
Eva con su manzana  y Adán  ….¡ay Adán ¡Era vegetariano. 


He pasado la primera  mitad de mi vida. Medio siglo. ¡Cuánto y cuán pocos!
 ¡Aún me falta la otra! Lo mejor se producirá en el transcurso de los próximos cincuenta años…(que los dioses protejan a  quienes me rodean).

Nada es casual”_ me decía mi abuela  _”siempre hay un roto para un descosido”.

                                
No creo en víctimas y ni victimarios. En todo caso sostengo la filosófica  concepción de barrio, de convertirnos en radiadores adhiriendo cuanto “bicho/a” se siente atraído.
 La mayoría, pasan de largo.

A modo de desdramatizar  "mis historias amorosas" y  dar rienda suelta a  mi  imaginación (¡¡lamentablemente!!), decidí  dar a luz  este “Género Femenino “.


                                                                                        María Magdalena Andaloro
                                                                                                   Enero 2012