lunes, 12 de marzo de 2012

De las obras de Freud a los avisos clasificados

Cuando logré liberarme de esos años de cautiverio psicológico y salir al mundo de la carne, dejando las prácticas Freudianas de lado, quería encontrar “un amor” real, posible, un hombre que me ame y amar…
Asesorada por mi amiga compré el periódico.  Abrí en el rubro Personas Buscadas.
“Busco Sra . culta.40/50 años. Fines serios. Teléfono …”
Subrayé prolijamente  el aviso con  resaltador fosforescente  y me dije : 
"tenés que sacarte de la cabeza al psiquiatra, ese amor platónico, de elevadas cuotas mensuales”.
Recordé  una vez más los dichos de mi abuela  :” un hombre se olvida con otro hombre”.
Decidí llamar, quizá este sea carnal y no tan costoso.

-Hola…llamo por el aviso…-
-Sí , soy yo…-(silencio… )
-¿Cuál es tu nombre?-
-Pe…Pedro.- (tardó en contestar, vaciló) -¿Y el tuyo?-
-María-
Pedro y María del Viejo Testamento versión tercer milenio .
-¿A qué te dedicas?- pregunté súbitamente.
-Estudio historia y viví algunos años en Europa-

Este ejemplar “encontrado” me estaba resultando interesante, sobre todo si se podía conversar de algo más que no fuesen los conflictos de mi infancia, las transferencias psicológicas, etc, etc,etc.
-¿En que Universidad estudiaste?-
Demoró en contestar y su respuesta fue vacilante.
 “-…en…la de curas.”- (¡Mi Dios!)
-¿En qué países viviste en Europa?- (nada que envidiarle a un interrogatorio policial).
Volvió a dudar
”-:.. en Italia:”-
¡Maravilloso! Tendríamos para hablar.
-En Roma ,¿fuiste a ver las azaleas de Plaza de España? A mí me apasionan-
(como si Italia , se circunscribiese a unas cuantas macetas con azaleas en esas escalinatas gastadas).
_No. Me dediqué a estudiar.-
¡Cuatro años en Roma estudiando! ¿¡Qué!? ¿¡Qué estudió “problemas subterráneos”!?¿ ¡De topo!’ …  me resultó un poco extraño.
Propuso encontrarnos para conocernos y tomar un café.
No fue fácil arreglar  el encuentro. Le sugerí  una confitería cercana a su  domicilio, a modo de no perderse. La misma que frecuento con mi amiga para dirimir las penas del corazón.

El tal Pedro (bíblico) preguntó cómo nos reconoceríamos, inmediatamente agrego:
_Vestiré una camisa blanca y llevaré dos libros en la mano, soy de tez blanca y feo_

Mal comienzo…me gustan los morochos de tez aceituna, altos ,bellos, como los galanes hispanos.
-¿Y vos cómo  irás vestida?-preguntó tímidamente.

Nunca sé que me pondré hasta que las agujas del reloj  me  intiman  a dejar de probarme cuanta combinación  sea posible  para disimular  rollos, celulitis,  y demás yerbas  de la ley de gravedad..

-No lo sé. Te reconoceré.-
(esta seguridad en mi sexto sentido…o en sus “dos”libros )

En dos horas y media se producirá este “romántico  encuentro”..Pero…¿qué espécimen humano es aquel que no vió Plaza de España ?…¿Es o fue seminarista?
 ¡Qué imaginación la mía!  Bueno…como Imanol Arias en la película Camila .

El calor ascendía a 32° grados. Me estaba arrepintiendo de querer salir del tratado de Freud en pleno verano porteño a las tres de la tarde.

Llegué al lugar  indicado, caminé por la vereda mirando de reojos la vidriera.
¡ Era él !
No tenía duda alguna, cara redondita, tez  blanquísima (color subterráneo). Camisa blanca de mangas cortas. Y sobre la mesa ¡tres libros!  sujetándose con sus dos tensas manecitas , sin soltarlos .
 Pasé con actitud distraída, pero me miró  y entré. Fui directo a su mesa y le dije con seguridad espartana:

 -“Vos sos Pedro”-.
-…S..s…sí..-

Soltó los libros , me tendió su mano de muñeca de trapo para saludarme, enredándose con la silla .
Me senté frente a él.(extraño ejemplar ante mis ojos, quizá él pensaría lo mismo de mí  )

-“¿Qué tomás?-“preguntó .
-“ Un café cortado-“(esta manía de no ocasionar gastos)

Se mostraba, torpe inseguro, temeroso, inexperto .
No lo sentía un ser normal…(como si yo lo fuera.)
Rompí el silencio y comencé la conversación .
Historia del Arte, Renacimiento, Italia .
 Él respondía pausadamente , mirando la mesa.
Mentalmente recorría mis conocimientos “de feria” sobre patologías, pensaba en el seminarista, en Plaza de España, en su sexualidad.
¿En que lío me había metido?
Tanto Romeo y Julieta,  Cenicienta y el príncipe que la despierta, tanto Corín Tellado y tardes de telenovela  junto a mi madre , me habían llevado a esta búsqueda  del Príncipe Azul…o al menos desteñido.

-“¿Tienes familia, hermanos?.-“pregunté.
Dudó .Tardó en responder.
-No-
Sus respuestas eran vacilantes, dudosas, cambiando el gesto en su rostro, tartamudeando y hasta  trasluciendo un cierto temor.
Respondí a todas sus preguntas.
 Mi intuición pocas veces me falla. ¿ Por qué me empecino en ponerla a prueba constantemente…?
Seguramente se sintió más confiado y se lanzó a contarme su vida.
Desde los ocho años padece de traumas familiares. Está  en tratamiento todavía, con la misma psiquiatra, hoy de ochenta años…(Me remitiré a no abrir paréntesis y menos opinión anexa alguna.) Lo internó dos veces .
No pregunté, solo escuché a este personaje kafkiano continuar con  su relato mientras  la piel de sus mejillas se enrojecía, presionándola  en círculo con el dedo índice.
Sacó dos pañuelos de tela, para secar  el sudor que brotaba de sus poros y  se deslizaba por su cara como gotas de lluvia en un vidrio.

Yo no salía del estado de schok, solo pretendía olvidar” mi amor freudiano”.Cuando imprevistamente pregunté:
-¿”Fuiste seminarista?-“
Su adrenalina tuvo que haberse alterado bruscamente .Su rostro se tensó. Un silencio de ultratumba reinó en el ambiente y tartamudeando respondió:

-“N..n..no. Soy sacerdote no consagrado. Vivo en una escuela de curas. Pasé la vida obedeciendo y haciendo lo que los demás querían.-“

A partir de entonces bajó su tono de voz.
Paralizada por lo que terminaba de escuchar, intenté seguir la historia lo más atenta posible.
Era un prisionero de una soledad sin límites.
Sentí pena y con la fuerza que me caracteriza para la tragedia , la de  mis genes , traté de alentarlo. Estaba  más loco que un plumero.
Mi intuición había sido certera,  la realidad  superaba cualquier ficción posible y el “privilegio innato”de atraer especimenes extraños me sorprendía una vez más.
A las dos horas de charla “terapéutica”(para él), le informé que esta “sesión” había concluído , confesándome que su nombre verdadero no era Pedro sino Francisco,  tenía dos hermanas y una madre (¡No podía ser de otra manera!).
Hablaba cada vez más bajo y yo estiraba el tronco acercando mi oreja a la mesa, a modo de saber qué responder.
Dijo tener más secretos para contarme  la próxima . Continuaba su monólogo sin poder parar .
A esta altura, no sabía si era Pedro o Francisco, si me encontraba en los comienzos del Cristianismo o en la Edad Media, si era un hombre o un “padre”,si estaba en un bar o en una sacristía.
¡Qué locura!
Logré partir . Me juré no desear hombre alguno.

6 comentarios:

  1. Aunque (como Pedro o Francisco)también tengo una madre y dos hermanas, y mi estado mental normal se asemeja efectivamente al de un plumero, he leído con el mayor agrado la crónica de este breve desencuentro. ¡Felicitaciones!

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  2. Estimado Anónimo,
    cualquier similitud de estos personajes con la realidad es puramente casual.Son producto de mi imaginación...que efectivamente asemeja a la de un plumero. Muchas gracias. Un abrazo.

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  3. Magdalena: ya no me sorprende tu prosa, es muy buena. Se deja leer tan pero tan fácilmente que para el que lo lee pareciera que escribir tan bien es sencillo. Me recuerda a un actor que al terminar su obra un admirador le dijo: que buena su actuaciòn... parece tan sencilla, tan natural... a lo que el actor le respondiò: si... saliò naturalmente... sòlo la ensallamos ocho meses... Te felicito nuevamente Magadalena y a seguir compartiendo tu trabajo!!! Cariños Horacio Iannella

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    1. Querido Horacio,
      gracias por tu valioso comentario.
      Un abrazo
      Magdalena

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  4. QUERIDA MAGDA: ME INTERNASTE EN TU RELATO Y ME SENTÍ TAN IDENTIFICADA..... TU PODER DE SÍNTESIS, CONDIMENTADO CON EXACTOS DETALLES, LOS SENTIMIENTOS ENCONTRADOS, LO TRAGICÓMICO DEL "DES-ENCUENTRO"..QUÉ NARRADORA!!!!!!!!. BRAVO!!!!!!!!!!!

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    1. Estimado Anónimo,
      me alegra que disfrutaste del relato.
      Muchas gracias.
      Un abrazo
      Magdalena

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