Miro la mesa de mi cocina. Libros apilados, papeles desordenados, boletas a pagar...Tienen su lugar en la biblioteca, en el escritorio pero la fuerza de voluntad no basta para que lo ocupen.
No hace mucho tiempo, sobre ella, la sopera de loza inglesa del juego de la abuela lucía su belleza. Hoy, mira desde un ángulo, casi en el anonimato ,la invasión de ese territorio del que era soberana.
Una vez más miro la mesa de mi cocina. Es casi inevitable no detenerme en ella. Debo poner orden.
¡¡Cuánto me parezco a mi madre!!
Viene a mis sentidos la visión de otros tiempos. Cuando mi voz se alzaba soberbia, omnipotente ante el incomprensible desorden que reinaba sobre la mesa de su cocina. Entonces , no sabía de soledades. No había llegado a la mitad del camino, transitaba la recta de partida.
No sabía que ese "nido" tan bullicioso y que ocupaba tanto espacio, quedaría indefectiblemente vacío.
Nada podría detener el tiempo. Ese tiempo que hace madurar las flores, el mismo que marca la hora definitiva del vuelo de los hijos.
Miro la mesa de mi cocina.
Vuelve la de mi madre. Quizá, ese desorden tan quieto de su mesa, igual que hoy la mía, poblaba esas soledades que llegan cuando las vidas salen a la calle en busca de su sendero.
¡Cuánto desorden sobre la mesa de mi madre!
¡Cuánto sobre la mesa de mi cocina!
Queda sobre ella un pequeño espacio. Apoyo mi taza de café. La miro en su totalidad.
Ya habrá tiempo de ordenar. Un tiempo nuevo que está por comenzar o ya ha comenzado en ese desorden tan quieto de la mesa de mi cocina.
María Magdalena Andaloro
Editorial Planeta, Nov/ 2005
me pasa igual:...la lara la la... como cambian las cosas los años... la lara la la
ResponderEliminarAnónimo, muchas gracias por tu comentario . Lo bueno es que podamos encontrarnos con proyectos.Un abrazo
ResponderEliminarMagdalena