jueves, 26 de enero de 2012

La mesa de mi cocina



Miro la mesa de mi cocina. Libros apilados, papeles desordenados, boletas a pagar...Tienen su lugar en la biblioteca, en el escritorio pero la fuerza de voluntad no basta para que lo ocupen.
No hace mucho tiempo, sobre ella, la sopera de loza inglesa del juego de la abuela lucía su belleza. Hoy, mira desde un ángulo, casi en el anonimato ,la invasión de ese territorio del que era soberana.
Una vez más miro la mesa de mi cocina. Es casi inevitable no detenerme en ella. Debo poner orden.
¡¡Cuánto me parezco a mi madre!!
Viene a mis sentidos la visión de otros tiempos. Cuando mi voz se alzaba soberbia, omnipotente ante el incomprensible desorden que reinaba sobre la mesa de su cocina. Entonces , no sabía de soledades. No había llegado a la mitad del camino, transitaba la recta de partida.
No sabía que ese "nido" tan bullicioso y
 que ocupaba tanto espacio, quedaría indefectiblemente vacío.
Nada podría detener el tiempo. Ese tiempo que hace madurar las flores, el mismo que marca la hora definitiva del vuelo de los hijos.
Miro la mesa de mi cocina.
Vuelve la de mi madre. Quizá, ese desorden tan quieto de su mesa, igual que  hoy la mía, poblaba esas soledades que llegan cuando las vidas  salen a la calle en busca de su sendero.
¡Cuánto desorden sobre la mesa de mi madre!
¡Cuánto sobre la mesa de mi cocina!
Queda sobre ella un pequeño espacio. Apoyo mi taza de café. La miro en su totalidad.
Ya habrá tiempo de ordenar. Un tiempo nuevo que está  por comenzar o ya ha comenzado en ese desorden tan quieto de la mesa de mi cocina.
                                                        

                                                                                               María Magdalena Andaloro

          Seleccionado y publicado en el libro” Cuentos en el Aire”
                  Editorial  Planeta, Nov/ 2005

martes, 24 de enero de 2012

Media Naranja


La revolución hormonal continúa haciendo estragos.
Los humores pasan  de pesimistas  a optimistas  sin estación intermedia . Un  inaugural estado más cercano a la “locura “que altera  la “ armoniosa “rutina .

Es la edad critica” , decía  mi abuela , narrando  historias de mujeres internadas en los manicomios.
Aún no he llegado a ese estadio pero, a veces creo que voy camino hacia Barracas al Sur…
(Bs As.: Neuropsiquiátrico de Mujeres)

Lo cierto es que mis hormonas decidieron alistarse en las manifestasiones de protesta,  motivo por el cual hace tres meses  inicié un “tours médico”, al mejor estilo de paquete turístico .
Visité  diversos especialistas , comprobando que a partir de los cincuenta no queda nada en pie. Anteojos, prótesis dentales, cremas lubricantes, anti-age, antioxidantes, gimnasias correctivas, preventivas, desestresantes, etc, etc
Motivo por el cual, olvidé reparar en hombre alguno, pero … todos los caminos conducen a Roma  y los facultativos me remitieron a uno en hormonas. Allí  fui.

Ante mis ojos el  Dr. en cuestión. No superaba el metro sesenta,  cubría su semicalvicie con un par de pelos  atravesándola a modo de senda peatonal, enfundado en un largo guardapolvo blanco  pero …era tan seductor que pronto lo ví de un metro noventa, contextura robusta, tez aceituna, ojos negros profundos, penetrantes y una sonrisa de galán latino.
¡Era el especialista en hormonas!
Las mías suspendieron la protesta y se pusieron en guardia.

Mil fantasías se tejen en la cabeza de una paciente, cuando tiene frente a sí un ilusorio ejemplar de macho como los de telenovela , cuando sus hormonas están revueltas, cuando encontrar un amor es más difícil que embocar  una bolita en las copas de la kermés . Sin tener en cuenta que el Dr. en cuestión es un mortal ejemplar como una , con un valor agregado:  el poder que le confiere su rol.
Entonces, no tardé en “enamorarme”.¡¡¡¡¡Era tan divino!!!!!
Me dio  su número de teléfono, su E-mail por cualquier consulta extra. Y pese a mi edad cronológica , no superé  la adolescencia sesentista cuando de amores se trata.

Comencé a mantener una cyber-médico-relación .La mayoría de las veces correspondida. ¡Tanto E- mail ! recalentaron  mis hormonas que a punto de estallar ,se revelaron nuevamente negándose  a tal onanismo posmoderno.
Pronto comprobé que ese macho de mis fantasías tenía dueña .
Una media naranja que también era  media”dirección” de su correo electrónico, a la  que el Dr. le atendía las hormonas entre las sábanas, calentándome las mías en las consultas y vía  E-mail ,
(” juasara@ gonadotrofinas.com.ar “Él : Juan. Ella: Sara) .

La cybernovela hormonal llegó abruptamente a su fin mientras , entre lágrimas y carcajadas, mi perra me miraba  sin poder comprender esta nueva polaridad expresiva frente a la pantalla de mi vieja computadora.


                                                                           
                                                                                               María Magdalena Andaloro
                                                                                                            Año 2005


                                                                                                                                                                                                                                                         


lunes, 16 de enero de 2012

En lo mejor de mi vida


Mis hormonas decidieron abandonarme en lo mejor de mi vida, no solo dejándome el alma herida y espinas en el corazón (como el tango) sino, también  abriéndole la puerta, sin admisiones, a  innumerables síntomas de futuras catástrofes físicas .
Mi historia  es similar a la de muchas mujeres, a diferencia que mi mente de “niña” inquieta y desbordante de vitalidad me lleva a aceptar poco, resignarme nada y curiosear siempre, motivo suficiente para toparme  personas y ambientes insospechados.

Mi abuela me decía :“Siempre hay algo nuevo bajo el puente “ .
 Soy  de  esas plantas crecidas con todo tipo de abono , hasta los deshechos nutrieron mi persona llevándome a ser simplemente diferente.

Nací en  la segunda mitad del siglo XX.
Sobreviví a los vaivenes de la humanidad, del capitalismo, de la globalización, de un mundo que pasó de la utopía sesentista a genocidios de todo tipo ,en nombre de la paz. Y aquí estoy ,“ en lo mejor de mi vida” despidiendo  a mis hormonas, agradeciéndoles sus buenos servicios en un póstumo homenaje.

Nos conocimos hace cincuenta y tantos años.
Compañeras inseparables en mi sano crecimiento, sin anomalías mediante.
Prolijas, cumplidoras, ordenadas, maravillosas.
Supe de ellas con la primera menarca , cuando mi madre enumeró los peligros que asechaban a esa actividad hormonal :
-No tener contacto con varón alguno. Ni siquiera tocarlos  so peligro de embarazo y pérdida de la tan valorada virginidad.
-No bañarme porque se “cortaba”( ¿cómo la mayonesa…?)
-No exponerme al sol porque subía la sangre a la cabeza y el peligro era mortal.
-No hacer actividad física, no…no…no…
Tantas advertencias apocalípticas en mi adolescencia me llevaron a pensar porqué las hormonas me obligaban a mestruar , si era casi  como  hoy ir de vacaciones a Bagdad.
Sorteando todos esos posibles males, ellas comenzaron a hacerse sentir  ante el enamoramiento con el sexo opuesto.
 Entonces ,fue que cobró protagonismo el himen sano, trofeo de la virginidad, orgullo y diferenciación de “buenas chicas”…
Debí reprimir su normal actividad cuando aleteaban como mariposas mis instintos.¡Pobres hormonas!  También adolescían de juventud.
Cuando finalmente las liberé, pronto contraje enlace como correspondía a mis tiempos.
Ellas acompañaron la vida : tres bellos embarazos y dos tetas nutricias desbordantes .
Fueron mis aliadas desde el anonimato sin ocasionarme  problema alguno ,pese a no  tenerlas nunca en cuenta, hicieron su trabajo a la perfección.
 Pero de pronto, bueno…no tan de pronto ,casi medio siglo después, deciden partir sin previo aviso. ¡Abandonarme! Evento que no estaba en mis planes, solo en los libros.
No sé muy bien cuándo comenzó. Quizá hace unos añitos cuando mi ánimo bajaba y subía a modo de montaña rusa del primer mundo.
 Cuando algunos dolores articulares me llevaron a sesiones de kinesiología.
Quizá cuando de ser un esbelto spaghetti , mi figura se transformó en un mostachol escala  humana o cuando por las noches despertaba con los ojos como el dos de oro sin poder retomar el sueño.
Quizá cuando…quién sabe cuando.
Ahora , se hicieron escuchar  a modo de protesta piquetera de este Bs As del siglo XXI, obligándome a realizar “un tours médico” sin descanso.
Finalmente uno de los  diversos especialistas dijo: “veamos el nivel hormonal”.
¡Cuánto me alegré y distendí al saber que dicho análisis había dado para el carajo!.
 La liebre de mis males había saltado finalmente  : las hormonas declararon Menopausia.
Corrí a mi analista, que a esta altura del tours , ya no sabía que diablos somatizaba y le dije alegre y aliviada:
                          -¡Son las hormonas!-
Luego de relajarse porque su paciente no ponía la “locura” en el cuerpo sino que se debía a un proceso biológico normal me dijo:
 “_Hay un libro muy bueno sobre menopausia escrito por la Dra….._”

Entré y salí de las librerías sin más respuesta que : -está agotado-.
Finalmente dí con un único ejemplar remanente después de caminar sin descanso bajo el sol del verano porteño.
Esperé que lo trajeran como si fuera  cuestión de vida o muerte.
Un libro de tapa dura, papel ilustración, edición de lujo, buenas fotos de colores saturados, cocido y a solo  ocho pesos, un verdadero regalo. Pagué y salí de allí como si hubiese descubierto América quinientos años después.
 Sin esperar llegar a casa , lo abrí en el colectivo.
 En la tapa la foto de la autora, una Dra.  que por sus facciones ya era menopáusica  en  1998, fecha de edición. Sonreía y lucía  una cirugía facial que transformaba sus rasgos de origen inglés en nipona, pero se la veía feliz y agradecida por la compra de otro ejemplar.
En lo mejor de mi vida llega esta interesante bibliografía sugerida por el máximo referente masculino que concentra a todos los hombres de la vida de una mujer en uno: el terapeuta.
¡¿Cómo no leerlo?!

Página 46 : un gráfico con una” imagen femenina de la que salen flechitas azules ¡de todas partes del cuerpo!  indicando el conjunto de síntomas de la menopausia”.
 ¡ Apocalíptico  !

Página 56 : la foto de una mujer menopáusica desnuda, diciendo que “pese a los cambios físicos hay estímulos sexuales, acompañado con una lista de molestias en el coito”
 ( no anexa nómina de voluntarios maduros…)

Página 181: Sexualidad. Una vida de satisfacción. Tratamientos naturales para la salud vaginal: “Aplicación local de un yogut durante no menos de dos horas con un tampón de retención. Previene las infecciones (Lacto-bacillus acidohilus, bacteria viva).”
No aclara si debe ser entero o descremado, con frutas, cereales o sin ellos, en envase de plástico o de vidrio…

Seguí y seguí leyendo. Mirándo esas interesantes fotos de huesos con osteoporosis semejantes a una pintura abstracta , fibromas uterinos, cánceres de cuantas partes uno desee, etc, etc hasta dar con un capítulo  llamado : “Actitudes Positivas: alimentos y nutrientes saludables”¡ Qué alivio, algo bueno pasa !
Entre  tanta tragedia cerraba el libro y me encontraba nuevamente a la Dra. mirándome con ojos de sorpresa congelados  y su cabello prolijamente peinado.
Fue entonces que decidí enviarle un e-mail a mi “brillante terapeuta”:

“Querido terapeuta:
                              conseguí el libro que me recomendaste, luego de una búsqueda obsesiva. Lo leí. ¿ Me suicido con él a mi lado o lo regalo antes a alguna amiga menopáusica?
He llegado a la conclusión que  la menopausia  es un sismo intensidad  nueve de la escala Mercalli y que si sobrevivo a ella seré una diosa pero…vieja!!!!!!”

Respuesta:

“Querida paciente :
  los dioses no envejecemos. Ánimo y adelante.
Un cariño .
Tu terapeuta”


                                                                                          María Magdalena Andaloro
                                                                                                                                       Marzo 2005
                                                                                  (“ Los dioses no envejecemos”, solo cumplimos años…)
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

Solo el comienzo


                                   
Las historias entre el género femenino y masculino  son tan antiguas como el mundo.
Eva con su manzana  y Adán  ….¡ay Adán ¡Era vegetariano. 


He pasado la primera  mitad de mi vida. Medio siglo. ¡Cuánto y cuán pocos!
 ¡Aún me falta la otra! Lo mejor se producirá en el transcurso de los próximos cincuenta años…(que los dioses protejan a  quienes me rodean).

Nada es casual”_ me decía mi abuela  _”siempre hay un roto para un descosido”.

                                
No creo en víctimas y ni victimarios. En todo caso sostengo la filosófica  concepción de barrio, de convertirnos en radiadores adhiriendo cuanto “bicho/a” se siente atraído.
 La mayoría, pasan de largo.

A modo de desdramatizar  "mis historias amorosas" y  dar rienda suelta a  mi  imaginación (¡¡lamentablemente!!), decidí  dar a luz  este “Género Femenino “.


                                                                                        María Magdalena Andaloro
                                                                                                   Enero 2012